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nydus/El Grande OrientePublic
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XI

pueden hacer los hombree más generosos. Mucho ha de darte Dios en esta vida o en la otra para poder premiarte.

—Dios no tiene que darme nada, tonta. Esto es una deuda, mejor dicho, aquí hay varias deudas que pesan sobre mi alma. Si salvo a tu padre de la muerte primero, de la cárcel después, sentiré un alivio...

—Ya sé... cuando mis padres marcharon a Francia hace ocho años, ocurrieron cosas terribles.

—Sí, muy terribles. Algunas de ellas no las puedes comprender. Por fortuna tú no estabas allí: te dejaron en La Bañeza.

—Pero todo me lo contó mi madrastra —manifestó Solita con emoción—. La pobre te estimaba mucho, y constantemente hablaba de ti. Hasta en el día de su muerte te nombró varias veces...

Salvador callaba, fijando la vista en el suelo.

—No digas que soy generoso si saco a tu padre de este mal paso —manifestó después de una pausa—. Di más bien que soy un malvado si no le salvo.

—¿Y si es imposible?

—Nada hay imposible —repuso el joven con brío—. Soledad, tendrás padre, tendrás marido... ¿Sabes que conviene escribir a tu primo Anatolio, refiriéndole la situación en que te hallas?

—Como tú quieras —respondió la joven con indiferencia.

—Le escribiré, vendrá, te casarás. Para entonces, vive Dios, o soy digno del desprecio de todos, o estará tu padre libre. Viviréis felices y tranquilos... ¡Oh, qué hermosa familia vamos a tener aquí!... porque supongo que el señor Gil se verá rodeado de nietos dentro de algunos

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