Al proponer al Oriente que temple en lo posible el ardor de las luchas políticas, he querido protestar contra la tendencia a fomentarlas y exacerbarlas. El instituto masónico debe ser extraño a la política, debe ser puramente humanitario, debe proteger a los desvalidos sin pedirles cuenta de sus ideas, y aun sin conocer sus nombres. Está fundado en la abnegación y en la filantropía. Lo dicen así su historia, sus antecedentes, sus símbolos, que o no representan nada, o representan una asociación de caridad y protección mutua. Lejos de practicarse estos principios en España, el Orden se ha olvidado de los menesterosos, constituyéndose en agencia clandestina de ambiciones locas, en correduría de destinos y en...
Protestas, amenazas, y tal cual palabreja puramente española, que no fue conocida de Salomón ni de Hiram-Abí, ahogaron la voz del orador. El tumulto fue tan grande como cuando en el templo de Salomón se dispuso que la multitud prorrumpiese en gritos para que la palabra Jehová, pronunciada por el Gran Maestro, no llegase a oídos profanos. Del mismo modo los martillazos de Campos-Cicerón no llegaban a profanas orejas. Por último, entre Canencia y el Venerable lograron restablecer el orden.
—Esto no se puede tolerar —gritó un compañero—. Si el hermano Aristogitón quiere abogar por los absolutistas, que tanto nos han perseguido; si es absolutista él mismo, dígalo de una vez, sin necesidad de insultarnos, ni de manchar tan audazmente la honra inmaculada de esta santa Sociedad.
—Hermano Arístides, o mejor Pipaón, pues no puedo acostumbrarme a prescindir de los nombres verdaderos —dijo Salvador,