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nydus/El Grande OrientePublic
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VIII

Venerable para impedir cosas mayores entre hermanos, olvidados de la santidad que infunde un mandil de cocinero. De las columnas septentrionales partía el más atroz nublado de amenazas y recriminaciones. Las columnas del mediodía estaban más tranquilas. Indudablemente había allí no pocos compañeros que opinaban lo mismo que el orador, hallando tan solo reprensible la forma violenta del discurso.

—¡Radiación, radiación! —gritaron algunos—. Sin alborotar se puede imponer castigo al delincuente.

Radiar significaba dar de baja.

—Que se le inscriba en el Libro rojo.

Era un librote donde se inscribían los hermanos radiados por sentencia masónica.

—Que se vote antes por esferas esa absurda proposición.

Esferas llamaban a las bolas.

—Queridos hermanos —repetía el Venerable con mansedumbre—. Estamos en un templo, no en un club. Orden.

El orador se hubiera marchado de la logia

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