CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/El Grande OrientePublic
Página 78 de 275
Table of Contents

VIII

nuestro hermano; que después el Oriente tomará las medidas que crea necesarias. Adelante, hermano Aristogitón.

—Es el colmo de la insolencia —gritó un hermano sin hacer caso del martillo o cachiporra ciceroniana— que dentro se levante una voz a defender al cura Vinuesa y a los demás conspiradores absolutistas.

—Yo no defiendo a los conspiradores —prosiguió el orador—. Lo que pido al Oriente es protección para los que padecen, martirizados por una populachería indigna que no sabe oponerse a las conspiraciones de la corona sino insultando al rey; que no sabe sofocar las conspiraciones realistas, porque perdona, tolera y agasaja a los hombres verdaderamente temibles, mientras encarcela y atormenta y ahorca a infelices clérigos y ancianos ineptos, incapaces de hacer cosa alguna de provecho contra el régimen establecido. El populacho a cuyo servicio se ha puesto este Orden, no ve los enemigos reales y poderosos que se unen astutamente al pueblo y se meten aquí minando el terreno en que la libertad, trata de fundar, sin poderlo conseguir, un edificio más o menos perfecto. La pleble, mientras deja trabajar en silencio a los que odian la libertad, se entretiene en dar tormento a la gente menuda.

»Señores masones, o señores liberales templados, que ahora todo viene a ser lo mismo, sois como aquel emperador romano que se ocupaba en cazar moscas, y mientras mortificaba a estos pobres insectos, no veía a los pretorianos que se conjuraban para echarle del trono. Este era Domiciano. Así sois vosotros. Yo quiero que variéis de conducta, y principio por pedir que se deje en paz a las moscas... No conozco a Vinuesa; pero sí a compañeros y amigos suyos, que comparten su suerte en la cárcel de la Villa o de la Corona. He visto la feroz excitación que existe en el pueblo contra ellos, y esta excitación, creada y fomentada por este Orden, y más aún por la

78