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nydus/El Grande OrientePublic
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XV

las logias del año 19. * «Aquí no es», me han dicho los liberales de ahora. * «Aquí no es», me acaba de decir Andrea. No es en ninguna parte, y yo moriré de cansancio y fastidio en medio del camino. ¡Maldita sea la hora en que nací! Hijo soy del crimen, y la expiación de él tomó carne y vida en mi persona miserable... ¿Por qué soy tan distinto de los demás, que en ninguna parte encajo? ¿Por qué ningún hueco social cuadra a mi forma? Mejor es desbaratarse y morir,

Al concluir esta serie de razonamientos que brotaban en su cerebro como chispas de un hierro candente herido en la fragua por el martillo, dio repetidos golpes con la frente en la dura tabla de la mesa.

¡Pobre hombre! La verdad es que teniendo los medios vulgares para ser feliz, no podía serlo, sin duda por repugnar a su naturaleza los vulgares medios. Pero se equivocaba al echar la culpa de sus contrariedades al destino, a las estrellas, a una crueldad sistemática de la Providencia, como es frecuente en los que razonan poco: las causas de su constante desaliento y de sus caídas teníalas dentro de sí mismo, y se atormentaba constantemente, en virtud de una poderosa fuerza crítica, compañera de todos sus actos. Sin quererlo, su mente le presentaba con claridad suma todas las abominaciones y fealdades de los hombres y de la vida, exagerándolas quizás, pero sin perder ninguna. Por eso cuando el natural orden de compensaciones que preside a la existencia le conducía a una situación lisonjera y optimista, el amor, por ejemplo, se abrazaba a ella con la desesperación del náufrago; y despertando todas las fuerzas de su ser, las dirigía al caro objeto; se apasionaba y exaltaba tanto, como si toda la vida debiera condensarse en una semana, y el universo entero en las sensaciones y los espectáculos de un día.

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