Pero ellos quieren establecer el gobierno perpetuo de los tibios, y adjudicarse todos los destinos. Esto no puede ser, y no será. Hemos fundado la Comunería para establecer la verdadera libertad, sin boberías de orden y servilismo encubierto; para darle al pueblo su total soberanía, y que se hagan todas las cosas como al santo pueblo le dé la gana; para desenmascarar a tanto pillo farsante, y hacer que obtengan destinos los verdaderos hombres de bien, adictos al sistema. Basta de papeles y comedias bufonas. Nosotros vamos a la verdad, a la realidad. Odio eterno, señores, entre unos y otros; queremos separación eterna, irreconciliable de los que desterraron a nuestro querido héroe, de los que contemporizan con la corte y la Santa Alianza, de los que disuelven el ejército libertador, de los que persiguen a las sociedades patrióticas de La Fontana y La Cruz de Malta, de los que hacen la mamola a los obispos y al Papa, de los que ponen dificultades a la organización de la Milicia nacional; separación eterna de los que en una mano tienen el libro de la Constitución y en otra el cetro de hierro del Rey neto. Este es el Orden de Padilla; esta es la Confederación de Padilla, que hará en España la revolución verdadera, que establecerá el sistema constitucional en toda su pureza, y pondrá fin al reinado de los pillos e hipócritas. El Orden de Padilla derribará al infame ministerio de las páginas y de los hilos antes de ocho días, señores; óiganlo bien, antes de ocho días.
Nadie contestó en los primeros momentos. Cicerón meditaba apoyando su sien en el dedo índice. Canencia sonreía. Monsalud, indiferente a la perorata, se levantó para retirarse.