CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/El Grande OrientePublic
Página 146 de 275
Table of Contents

XV

Solita miró con expresión de incredulidad a su hermano.

—¿No lo crees?... Pronto verás que no te engaño... Una circunstancia imprevista lo arreglará todo. ¿Estás enfadada conmigo porque te llamé impertinente?

—¡Qué tonto eres! —respondió la de Gil de la Cuadra toda ruborosa y turbada—. Nada de lo que tú hagas o digas me puede enfadar. ¿Qué importa una palabra de más o de menos? Bien sé que eres muy bueno para mí.

—Gracias, hijita. Haces bien en tener esa confianza en el hombre que va a ser...

—¿Qué?

—Padrino de tus muñecos. Tengo ganas de ser padrino de algo. Sin embargo, más vale que no sea yo padrino de ellos.

—¿Por qué?

—Porque se morirían.

—¿Pero es verdad que no nos engañas? ¿Hay esperanzas de que el señor don Urbano?... —volvió a preguntar doña Fermina.

—Sí, empiezo a creer que lograré mi objeto. ¡De qué caminos tan extraños se vale la Providencia!

—¿Pero es cierto, es verdad lo que dices? — exclamó Sola derramando lágrimas de ternura—. ¡Mi padre libre!

—El corazón —dijo doña Fermina— me ha estado diciendo todo el día que se nos preparaba un acontecimiento feliz.

—¡Y yo —añadió Solita con emoción profunda— también he tenido hoy unas corazonadas!... Anoche soñé que me asomaba al balcón y que

146