necrófagos habían vuelto a hacer de las suyas en la sección más antigua del camposanto. La tumba de Ezra Weeden, nacido en 1740 y fallecido en 1824 según indicaba su lápida de pizarra desenterrada y salvajemente fragmentada, fue hallada excavada y saqueada; una labor llevada a cabo evidentemente con una pala robada de un cobertizo de herramientas cercano. > > Cualesquiera que fuesen los restos tras más de un siglo de sepultura, todo había desaparecido a excepción de unas pocas astillas de madera podrida. No había huellas de ruedas, pero la policía ha medido un único rastro de pisadas hallado en las inmediaciones, el cual denota las botas de un hombre refinado. > > Hart tiende a vincular este incidente con la excavación descubierta el pasado mes de marzo, cuando unos individuos a bordo de un camión fueron espantados tras realizar un profundo hoyo; sin embargo, el sargento Riley, de la Segunda Comisaría, descarta esta teoría y señala diferencias sustanciales entre ambos casos. En marzo, la excavación se había realizado en un lugar donde no constaba ninguna tumba; pero esta vez una tumba bien señalizada y cuidada había sido saqueada con todos los indicios de un propósito deliberado y con una malignidad consciente manifiesta en el destrozo de la losa, la cual había permanecido intacta hasta el día anterior. > > Los miembros de la familia Weeden, informados del suceso, expresaron su asombro y pesar, y se mostraron totalmente incapaces de pensar en enemigo alguno que pudiera tener interés en violar la tumba de su antepasado. Hazard Weeden, residente
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IV. Una mutación y una locura
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