comprender por los sutiles cambios físicos y mentales que ha experimentado, y no debes esperar volver a verle. Tropezó con cosas que ningún mortal debería saber jamás, y hurgó en el pasado a través de los años como nadie debería hacerlo jamás; y algo salió de esos años para devorarle. Y ahora viene el asunto en el que te pido que confíes más en mí. Pues no habrá, en efecto, ninguna incertidumbre sobre el destino de Charles. Dentro de un año más o menos, puedes idear si lo deseas un relato adecuado sobre el final, ya que el chico ya no existirá. Puedes colocar una lápida en tu parcela del Cementerio del Norte exactamente a diez pies al oeste de la de tu padre y mirando en la misma dirección, y eso marcará el verdadero lugar de descanso de tu hijo. Ni tampoco debes temer que señale ninguna anomalía o suplantación. Las cenizas de esa tumba serán las de tus propios huesos y tendones inalterados —las del verdadero Charles Dexter Ward cuya infancia viste crecer—, el verdadero Charles con la marca de nacimiento aceitunada en la cadera y sin la marca negra de bruja en el pecho ni la fosa en la frente. El Charles que nunca hizo un mal real, y que habrá pagado con su vida su «delicadeza». Eso es todo. Charles se habrá escapado, y dentro de un año podrás colocar su lápida. No me hagas preguntas mañana. Y cree que el honor de tu antigua familia sigue inmaculado ahora, como lo ha estado en todo momento en el pasado. Con mi más profundo afecto y exhortaciones a la fortaleza, la calma y la resignación, quedo siempre Tuyo sinceramente,
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V. Una pesadilla y un cataclismo
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