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nydus/The Case of Charles Dexter WardPublic
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IV. Una mutación y una locura

Dos veces estuvo ausente de la ciudad en viajes de una semana de duración, cuyos destinos aún no se han descubierto. Se fue poniendo cada vez más pálido y demacrado que antes, y le faltaba algo de su anterior seguridad al repetir al doctor Willett su viejo, viejísimo cuento de investigación vital y futuras revelaciones. Willett le salía al paso a menudo en la casa de su padre, pues el mayor de los Ward estaba profundamente preocupado y desconcertado, y deseaba que su hijo recibiera toda la sensata supervisión que fuera posible en el caso de un adulto tan reservado e independiente. El doctor sigue insistiendo en que el joven estaba cuerdo incluso hasta fecha tan tardía como esta, y aduce no pocas conversaciones para probar su punto.

Hacia septiembre el vampirismo decayó, pero el enero siguiente Ward estuvo a punto de meterse en un lío muy gordo. Desde hacía un tiempo se venían comentando las llegadas y salidas nocturnas de camiones en el bungaló de Pawtuxet, y en aquel momento un imprevisto imprevisto sacó a la luz la naturaleza de al menos uno de los elementos de su carga. En un paraje solitario cerca de Hope Valley se había producido uno de los frecuentes y sórdidos asaltos de camiones perpetrados por «asaltantes» en busca cargamentos de licor, pero esta vez los ladrones iban a llevarse la mayor sorpresa. Pues los largos cajones que confiscaron resultaron contener, al abrirlos, cosas sumamente truculentas; tan truculentas, de hecho, que el asunto no pudo mantenerse en secreto entre los habitantes de los bajos fondos. Los ladrones habían enterrado apresuradamente lo que descubrieron, pero cuando la Policía Estatal se enteró del asunto se llevó a cabo un registro minucioso. Un vagabundo detenido recientemente, a cambio de la promesa de inmunidad ante cualquier cargo adicional, accedió por fin

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