Tales eran los retazos y fragmentos reunidos aquí y allá; y sobre ellos el señor Ward y el doctor Willett sostuvieron largas y serias conferencias.
Se esforzaron por llevar la deducción, la inducción y la imaginación constructiva hasta su límite extremo; y por correlacionar cada hecho conocido de la vida reciente de Charles —incluyendo la frenética carta que el doctor le mostró ahora al padre— con la escasa evidencia documental disponible sobre el viejo Joseph Curwen.
Mucho habrían dado por echar un vistazo a los papeles que Charles había encontrado, pues de manera muy clara la clave de la locura del joven residía en lo que había aprendido sobre el antiguo hechicero y sus fechorías.
Y sin embargo, al fin y al cabo, no fue por ninguna iniciativa del señor Ward ni del doctor Willett que se produjo el siguiente movimiento en este singular caso. El padre y el médico, rechazados y confundidos por una sombra demasiado informe e intangible para ser combatida,