El señor Ward conversó con los detectives en la antigua biblioteca de su hijo, y estos sintieron un alivio notable cuando al fin la abandonaron; pues parecía flotar en el ambiente un vago halo de mal acaso.
Quizá se debía a lo que habían oído sobre el infame viejo hechicero cuyo retrato antaño había contemplado fijamente desde la repisa entablerada, o tal vez fuera algo diferente e inconexo; pero en cualquier caso todos intuían a medias un miasma intangible que se concentraba en aquel vestigio tallado de una morada más antigua y que a veces casi alcanzaba la intensidad de una emanación material.