Tras unas cuantas pruebas más minuciosas con una cuchilla fina, supo que había dado con un óleo de gran tamaño. Con verdaderamente erudito autocontrol, el joven no quiso arriesgarse a dañar el cuadro oculto con un intento inmediato de descubrirlo con la navaja, sino que se retiró del lugar de su hallazgo para conseguir ayuda especializada. A los tres días regresó con un artista de larga experiencia, el señor Walter C. Dwight, cuyo estudio está cerca de las faldas de College Hill; y aquel hábil restaurador de pinturas se puso a trabajar de inmediato con los métodos y sustancias químicas adecuados. El viejo Asa y su esposa se sintieron debidamente entusiasmados con sus extraños visitantes, y fueron convenientemente recompensados por semejante intrusión en su hogar.
A medida que el trabajo de restauración avanzaba día tras día, Charles Ward contemplaba con creciente interés las líneas y los matices que iban desvelándose gradualmente tras su largo olvido. Dwight había empezado por la parte inferior; por lo tanto, dado que el cuadro era de tres cuartos, el rostro tardó un tiempo