Una búsqueda y una evocación
Charles Ward, como hemos visto, supo por primera vez en 1918 de su descendencia de Joseph Curwen. No hay que extrañarse de que desde el primer momento cobrara un intenso interés por todo lo concerniente a aquel misterio pretérito; pues todo rumor vago que hubiese oído sobre Curwen se volvía ahora algo vital para él, en cuyas venas fluía la sangre de Curwen.
En sus primeras investigaciones no hubo el menor intento de secreto; hablaba libremente con su familia—aunque a su madre no le hacía gracia poseer un antepasado como Curwen— y con los funcionarios de los diversos museos y bibliotecas que visitaba. Al dirigirse a familias particulares en busca de documentos que creía en su poder, no ocultó su propósito y compartió el escepticismo, teñido de cierta gracia, con que se contemplaban los relatos de los antiguos diaristas y memorialistas.
Cuando dio con el diario y los archivos de los Smith y topó con la carta de Jedediah Orne, decidió visitar Salem e investigar allí las primeras actividades y conexiones de Curwen, lo cual hizo durante las vacaciones de Pascua de 1919. En el Instituto Essex, que le era bien conocido por anteriores estancias en la fascinante y vieja ciudad de desmoronados gabletes puritanos y tejados de mansarda agrupados, fue muy amablemente recibido y desenterró allí una considerable cantidad de datos sobre Curwen.