Mi antepasado poseía todo esto cuando aquellos necios mirones vinieron y lo asesinaron. Ahora lo tengo de nuevo, o estoy llegando muy imperfectamente a poseer una parte de ello. Esta vez no debe suceder nada, y menos que nada por causa de temores idiotas míos. Le ruego que olvide todo lo que le escribí, señor, y no tenga miedo de este lugar ni de nadie en él. El doctor Allen es un hombre de excelentes prendas, y le debo una disculpa por cualquier cosa mal intencionada que haya dicho de él. Ojalá no tuviera necesidad de prescindir de él, pero había cosas que tenía que hacer en otra parte. Su celo es igual al mío en todos esos asuntos, y supongo que, cuando temí la obra, lo temí también a él como a mi mayor ayudante en ella».
Ward se detuvo, y el médico apenas sabía qué decir o pensar. Se sentía casi tonto ante aquel tranquilo repudio de la carta; y sin embargo, se aferraba a él el hecho de que, si bien el discurso presente era extraño, ajeno e indudablemente