Pawtuxet. Todo eso hay que hacerlo de nuevo, y con rapidez. De nosotros depende más de lo que se puede expresar con palabras: toda la civilización, toda ley natural, tal vez incluso el destino del sistema solar y del universo. He sacado a la luz una monstruosa anormalidad, pero lo hice en aras del conocimiento. Ahora, por el bien de toda vida y de la naturaleza, debe ayudarme a devolverla a la oscuridad. He abandonado ese lugar de Pawtuxet para siempre, y debemos extirpar todo lo que allí existe, vivo o muerto. No volveré a ir allí, y no debe creerme si alguna vez oye que estoy allí. Le diré por qué digo esto cuando lo vea. He vuelto a casa para siempre, y desearía que me visitara en el primer momento en que pueda prescindir de cinco o seis horas continuas para escuchar lo que tengo que decir. Tardaremos ese tiempo, y créame cuando le digo que jamás ha tenido un deber profesional más genuino que este. Mi vida y mi razón son lo mínimo que está en la balanza. No me atrevo a decírselo a mi padre, pues él no podría comprender el asunto en su totalidad. Pero le he hablado de mi peligro, y tiene a cuatro hombres de una agencia de detectives vigilando la casa. No sé de qué sirva, pues se enfrentan a fuerzas que ni siquiera usted podría llegar a concebir o reconocer. Así que venga pronto si desea verme con vida y escuchar cómo puede ayudar a salvar el cosmos del más puro infierno. Cualquier hora es buena; no saldré de la casa. No llame por teléfono de antemano, pues no se sabe quién o qué pueda intentar interceptarle. Y roguemos a los dioses que existan para que nada impida este encuentro.
Table of Contents
IV. Una mutación y una locura
109