gran chimenea central y una puerta artísticamente tallada con una claraboya en abanico, frontón triangular y esbeltas pilastras dóricas. Apenas había sufrido alteraciones en el exterior, y Ward sintió que estaba contemplando algo muy cercano a los siniestros asuntos de su búsqueda.
Los actuales habitantes negros le eran conocidos, y el viejo Asa y su robusta esposa Hannah le mostraron el interior con gran cortesía.
Aquí había más cambios de los que el exterior indicaba, y Ward vio con pesar que por lo menos la mitad de las finas sobrepuertas de volutas y urnas y de los revestimientos de alacenas tallados en concha habían desaparecido, mientras que gran parte de los hermosos frisos y molduras salientes estaban marcados, picados y cavados, o cubiertos por completo con papel pintado barato.
Era emocionante hallarse entre los muros ancestrales que habían alojado a un hombre de horror como Joseph Curwen; vio con un estremecimiento que se había borrado con muchísimo cuidado un monograma del antiguo picaporte de latón.