de esa Cosa Oscura bajo Menfis. Emplea cuidado en lo que invoques, y cuídate del Muchacho. Estará maduro en el plazo de un año para evocar a las Legiones de Abajo, y entonces no habrá Límites a lo que será nuestro. Ten Confianza en lo que digo, pues sabes que O. y yo hemos tenido estos 150 años más que tú para
Pero si Willett y el señor Ward se abstuvieron de mostrar esta carta a los alienistas, no se abstuvieron de actuar en consecuencia.
Ninguna cantidad de docta sofistería podía rebatir el hecho de que el extrañamente barbado y con gafas doctor Allen, de quien la frenética carta de Charles había hablado como de una amenaza tan monstruosa, mantenía una estrecha y siniestra correspondencia con dos criaturas inexplicables a las que Ward había visitado en sus viajes y que claramente afirmaban ser supervivientes o avatares de los antiguos colegas de Curwen en Salem; que se consideraba a sí mismo como la reencarnación de Joseph Curwen, y que albergaría —o al menos se le aconsejaba albergar— designios homicidas contra un «muchacho» que difícilmente podía ser otro que Charles Ward.
Había un horror organizado en marcha; y sin importar quién lo hubiera iniciado, el desaparecido Allen estaba en el fondo de todo aquello.
Por lo tanto, dando gracias al Cielo de que Charles estuviera ya a salvo en el hospital, el señor Ward no perdió tiempo en contratar detectives para averiguar todo lo posible sobre el críptico doctor barbudo; descubrir de dónde había venido y qué sabía Pawtuxet de él, y, de ser posible, hallar su paradero actual.
Proporcionando a los hombres una de las llaves del bungaló que Charles había entregado, les instó a explorar la habitación vacía de Allen —la cual había sido identificada cuando se empaquetaron las pertenencias del paciente—, obteniendo las pistas que pudieran de los efectos que este hubiera podido dejar por allí.