en Rakus, al cuidado de dicho noble. Otra postal enviada desde Rakus una semana después, en la que decía que el carruaje de su anfitrión lo había recogido y que abandonaba el pueblo rumbo a las montañas, fue su último mensaje durante bastante tiempo; de hecho, no respondió a las frecuentes cartas de sus padres hasta mayo, momento en que escribió para disuadir a su madre de la idea de reunirse en Londres, París o Roma durante el verano, época en la que los mayores Ward planeaban viajar por Europa. Sus investigaciones, decía, eran tales que no podía abandonar su actual morada; mientras que la situación del castillo del barón Ferenczy no propiciaba las visitas. Estaba en un risco entre oscuras montañas boscosas, y la región era tan evitada por la gente del campo que la gente normal no podía evitar sentirse incómoda. Además, el barón no era una persona que pudiera agradar a la correcta y conservadora gente de bien de Nueva Inglaterra. Su aspecto y sus modales tenían peculiaridades, y su edad era tan avanzada que resultaba desconcertante. Sería mejor, decía Charles, que sus padres esperaran su regreso a Providence, el cual difícilmente podía estar lejano.
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III. Una búsqueda y una evocación
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