En este nuevo material, una fórmula mística —o mejor dicho, un par de fórmulas— se repetía con tanta frecuencia que Willett ya se la sabía de memoria antes de haber terminado ni la mitad de su búsqueda.
Consistía en dos columnas paralelas, la de la izquierda coronada por el símbolo arcaico llamado «Cabeza de Dragón» y utilizado en los almanaques para indicar el nodo ascendente, y la de la derecha encabezada por el signo correspondiente de «Cola de Dragón» o nodo descendente.
El aspecto del conjunto era más o menos así, y casi sin darse cuenta el doctor comprendió que la segunda mitad no era más que la primera escrita silábicamente al revés, a excepción de los monosílabos finales y del extraño nombre de Yog-Sothoth, que había llegado a reconocer bajo diversas grafías a partir de otras cosas que había visto en relación con este horrible asunto.
Las fórmulas eran las siguientes —tal cual, como Willett puede atestiguar sobradamente—, y la primera tocó una extraña fibra de incómoda y latente memoria en su cerebro, que reconoció más tarde al repasar los acontecimientos de aquel horrible Viernes Santo del año anterior.
“Y’ai ’Ng’ngah Yog-Sothoth H’ee ⸻ L’geb F’ai’ Throdog Uaah!
“Ogthrod Ai’f Geb’l ⸻ Ee’h Yog-Sothoth ’Ngah’ng Ai’y Zhro”
Tan obsesivas eran estas fórmulas, y con tanta frecuencia daba con ellas, que, antes de que el doctor se diera cuenta, se encontraba repitiéndolas en voz baja. Sin embargo, al final sintió que ya había asegurado todos los papeles que podía digerir con provecho por el momento; por lo que resolvió no