Descubrió que su antepasado había nacido en Salem-Village, hoy Danvers, a siete millas de la ciudad, el dieciocho de febrero (estilo antiguo) de 1662–3; y que se había escapado al mar a la edad de quince años, sin reaparecer hasta pasados nueve años, cuando regresó con el habla, la vestimenta y los modales de un inglés nativo y se estableció en el Salem propiamente dicho. Por entonces tenía poco trato con su familia, y pasaba la mayor parte de las horas con los curiosos libros que había traído de Europa y los extraños productos químicos que le llegaban en barcos desde Inglaterra, Francia y Holanda. Ciertos viajes suyos al interior fueron objeto de mucha curiosidad local y se asociaban en voz baja con vagos rumores de hogueras en las colinas por la noche.
Los únicos amigos íntimos de Curwen habían sido un tal Edward Hutchinson, de Salem-Village, y un tal Simon Orne, de Salem. Hutchinson tenía una casa bastante retirada hacia los bosques, y no era del todo del agrado de la gente sensible debido a los ruidos que se escuchaban allí por la noche. Se decía que recibía a visitantes extraños, y las luces que se veían desde sus ventanas no eran siempre del mismo color. El conocimiento que demostraba acerca de personas muertas hacía mucho tiempo y de sucesos largo tiempo olvidados se consideraba marcadamente malsano, y desapareció alrededor de la época en que comenzó el pánico de la brujería, sin que sevolviera a saber nada de él jamás. En ese momento Joseph Curwen también se marchó, pero su establecimiento en Providence pronto fue conocido. Simon Orne vivió en Salem hasta 1720, año en que su incapacidad para envejecer de manera visible comenzó a atraer atención. Tras ello