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nydus/The Case of Charles Dexter WardPublic
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II. Un antecedente y un horror

Eleazar Smith, que acompañaba al destacamento de la guardia costera, registra en su diario una marcha sin incidentes y una larga espera en el acantilado junto a la bahía; interrumpida una vez por lo que pareció ser el sonido distante del silbato de señales y otra vez por una peculiar y ahogada mezcla de rugidos y llantos y una explosión de pólvora que pareció provenir de la misma dirección.

Más tarde, un hombre creyó percibir algunos disparos lejanos, y aún más tarde el propio Smith sintió el palpitar de titánicas y estruendosas palabras resonando en las altas esferas.

Era poco antes del amanecer cuando un único mensajero demacrado, de ojos salvajes y con un hedor horrible y desconocido en la ropa, apareció y le ordenó al destacamento que se dispersara silenciosamente hacia sus hogares y que jamás volviera a pensar ni a hablar de lo acontecido aquella noche ni de aquel que había sido Joseph Curwen.

Había algo en la actitud del mensaje que transmitía una convicción que sus meras palabras jamás habrían podido comunicar; pues aunque era un marino bien conocido por muchos de ellos, había algo oscuramente perdido o ganado en su alma que lo apartaba para siempre de los demás.

Fue lo mismo más tarde, cuando se encontraron con otros viejos compañeros que se habían adentrado en aquella zona de horror.

La mayoría de ellos había perdido o ganado algo inescrutable e indescriptible. Habían visto, oído o sentido algo que no era para criaturas humanas, y no podían olvidarlo.

De ellos nunca salió cotilleo alguno, pues hasta para los más vulgares instintos mortales existen límites terribles. Y de aquel único mensajero el grupo en la orilla captó un asombro sin nombre que estuvo a punto de sellar también sus propios labios.

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