era un erudito y un pensador agudo; el reverendo James Manning, presidente del College; el exgobernador Stephen Hopkins, que había sido miembro de la Sociedad Filosófica de Newport y era un hombre de amplias miras; John Carter, editor de la Gazette; los cuatro hermanos Brown: John, Joseph, Nicholas y Moses, que constituían los magnates locales reconocidos; el viejo doctor Jabez Bowen, cuya erudición era considerable y poseía un amplio conocimiento de primera mano sobre las extrañas compras de Curwen; y el capitán Abraham Whipple, un corsario de fenomenal audacia y energía con el que se podía contar para encabezar cualquier medida activa que fuera necesaria.
La misión del capitán Mathewson prosperó más allá de sus más altas expectativas; pues aunque encontró a uno o dos de los confidentes elegidos algo escépticos respecto al posible aspecto fantasmal de la historia de Weeden, no hubo uno solo que no considerara necesario tomar algún tipo de medida secreta y coordinada. Curwen, era evidente, constituía una vaga amenaza potencial para el bienestar de la ciudad y de la colonia; y debía ser eliminado a cualquier precio.