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nydus/The Case of Charles Dexter WardPublic
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V. Una pesadilla y un cataclismo

Así que eso era lo que contenían estos lekythoi; el fruto monstruoso de ritos y actos profanos, supeditados o amedrentados hasta tal punto de sumisión como para ayudar, cuando se les invocaba mediante algún conjuro infernal, en la defensa de su blasfemo amo o en el interrogatorio de aquellos que no se mostraban tan dispuestos. Willett se estremeció al pensar en lo que había estado vertiendo entre sus manos y, por un momento, sintió el impulso de huir aterrorizado de aquella caverna de estanterías horribles con sus silenciosos y tal vez vigilantes centinelas. Luego pensó en los «Custodes» —en la miríada de jarras de Falero al otro lado de la sala. Sales también —y si no eran las sales de los «guardianes», ¿entonces las sales de qué? ¡Dios! ¿Sería posible que allí yacieran los restos mortales de la mitad de los pensadores titánicos de todas las épocas; arrancados por necrófagos supremos de criptas donde el mundo los creía a salvo, y sometidos a los caprichos y llamadas de locos que intentaban extraer su conocimiento para algún fin aún más descabellado cuyo efecto último afectaría, como el pobre Charles había insinuado en su frenética nota, a «toda la civilización, toda ley natural, tal vez incluso el destino del sistema solar y del universo»? ¡Y Marinus Bicknell Willett había cernido su polvo entre sus manos!

Entonces advirtió una pequeña puerta al fondo de la estancia, y se calmó lo suficiente como para acercarse a examinar el tosco letrero cincelado encima. No era más que un símbolo, pero lo llenó de un vago terror espiritual; pues un amigo suyo, enfermizo y soñador, lo había dibujado una vez en un papel y le había contado algunas de las cosas que significa en el oscuro abismo del sueño. Era el signo de Koth, que los soñadores ven fijo sobre el arco de cierta torre negra que se alza sola en el crepúsculo; y a Willett no le gustaba lo que su amigo Randolph Carter había dicho de sus poderes.

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