Willett had visited the spot before through sheer curiosity, though of course never entering the house or proclaiming his presence; hence knew exactly the route to take.
Driving out Broad Street one early afternoon toward the end of February in his small motor, he thought oddly of the grim party which had taken that selfsame road a hundred and fifty-seven years before, on a terrible errand which none might ever comprehend.
El trayecto por la periferia en decadencia de la ciudad fue breve, y los pulcros barrios de Edgewood y el adormecido Pawtuxet se extendieron pronto ante ellos.
Willett giró a la derecha por la calle Lockwood y condujo su auto por aquel camino rural tan lejos como pudo, luego descendió y caminó hacia el norte hasta el punto donde el acantilado se alzaba sobre las hermosas curvas del río y la extensión de las lomas brumosas más allá.
Las casas aún escaseaban allí, y no había forma de equivocarse con respecto al aislado bungaló de garaje de hormigón situado en un altozano a su izquierda. Subiendo con paso firme por el sendero de grava descuidada, llamó a la puerta con mano firme y habló sin que le temblara la voz al malvado mulato portugués que la abrió apenas una rendija.
Tenía, dijo, que ver a Charles Ward inmediatamente por un asunto de vital importancia. No se aceptaría excusa alguna, y una negativa significaría únicamente un informe completo del asunto al viejo Ward. El mulato todavía dudaba y empujó la puerta cuando Willett intentó abrirla; pero el doctor simplemente elevó la voz y reiteró sus exigencias.