Habían hallado formas impías de mantener vivos sus cerebros, ya fuera en el mismo cuerpo o en cuerpos distintos; y al parecer habían logrado un método para aprovechar la conciencia de los muertos a quienes reunían. Había habido, al parecer, algo de verdad en el quimérico viejo Borellus cuando escribió acerca de preparar a partir de los restos incluso más antiguos ciertos «Sales Esenciales» con las cuales se podía resucitar la sombra de un ser vivo muerto tiempo atrás. Existía una fórmula para evocar semejante sombra, y otra para hacerla volver; y ahora se había perfeccionado tanto que se podía enseñar con éxito. Uno debía ser prudente con las evocaciones, pues las marcas de las viejas tumbas no siempre son exactas.
Willett y el señor Ward se estremecieron al pasar de conclusión en conclusión. Había cosas —presencias o voces de algún tipo— que podían ser atraídas desde lugares desconocidos tanto como desde la tumba, y en este proceso también había que tener cuidado. Joseph Curwen había evocado indudablemente muchas cosas prohibidas, y en cuanto a Charles, ¿qué podía pensarse de él? ¿Qué fuerzas «fuera de las esferas» lo habían alcanzado desde los tiempos de Joseph Curwen y habían vuelto su mente hacia cosas olvidadas? Lo habían llevado a encontrar ciertas instrucciones, y las había usado. Había hablado con el hombre del horror en Praga y se había quedado largo tiempo con la criatura en las montañas de Transilvania. Y por fin debía de haber encontrado la tumba de Joseph Curwen. Aquella nota periodística y lo que su madre había oído en la noche eran demasiado significativos para pasarlos por alto. Luego había convocado algo, y eso tenía que haber venido. Aquella poderosa voz en las alturas el Viernes Santo, y esos tonos diferentes en el laboratorio del desván cerrado. ¿Cómo eran, con su profundidad y su oquedad? ¿No había ahí algún espantoso presagio del temido desconocido, el doctor Allen, con su bajo espectral? ¡Sí, eso era lo que el señor Ward había sentido con vago horror en su única charla con el hombre —si es que era un hombre— por teléfono!