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nydus/The Case of Charles Dexter WardPublic
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IV. Una mutación y una locura

quebrarse bajo la tensión. Sus escuchas nocturnas habían engendrado algunas alucinaciones morbosas que le confiaba al doctor con vacilación, y de las cuales él se burlaba al hablar con ella, aunque lo hacían reflexionar profundamente cuando estaba a solas. Estas ideas delirantes siempre se referían a los tenues sonidos que creía oír en el laboratorio y el dormitorio de la buhardilla, y enfatizaban la ocurrencia de susurros y sollozos apagados en los momentos más imposibles. A principios de julio, Willett ordenó a la señora Ward que fuera a Atlantic City para una estancia indefinida de recuperación, y advirtió tanto al señor Ward como al demacrado y esquivo Charles que solo le escribieran cartas alentadoras. Probablemente a esta huida forzada y renuente deba su vida y su continua salud mental.

Poco después de la partida de su madre, Charles Ward comenzó a negociar por el bungaló de Pawtuxet.

Era un edificio de madera, pequeño y mísero, con un garaje de hormigón, encaramado en lo alto de la orilla escasamente poblada del río, un poco más arriba de Rhodes, pero por alguna extraña razón el joven no quería otra cosa.

No dio tregua a las agencias inmobiliarias hasta que una de ellas se lo consiguió a un precio exorbitante de manos de un propietario un tanto reacio, y tan pronto como quedó libre tomó posesión de él al amparo de la oscuridad, transportando en una gran furgoneta cerrada todo el contenido de su laboratorio del desván, incluidos los libros, tanto extraños como modernos, que había tomado prestados de su estudio.

Hizo cargar esta furgoneta en la negrura de la madrugada, y su padre solo recuerda la vaga y somnolienta percepción de juramentos ahogados y pisadas fuertes la noche en que se llevaron los bártulos.

Tras aquello, Charles regresó a sus antiguos aposentos en la tercera planta y nunca volvió a rondar el desván.

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