que han caído, y en las que están cayendo, y en las que caerán, me voy a dormir y sueño con la batalla, y no ceso de oír el ruido de los cañones. Estoy muy inquieta, y Guedita, que duerme cerca de mí, dice que hablo en sueños, diciendo mil cosas disparatadas. Ciertamente debo de decir algo, pues siempre estoy soñando. Te veo en la muralla. Hablo contigo, y tú me respondes. Las balas no te tocan; y me parece que es por las oraciones que rezo por ti, despierta y dormida.
Hace pocas noches soñé que iba con otras muchachas a cuidar a los heridos, y que cuidábamos a muchísimos, casi devolviéndoles la vida con lo que hacíamos por ellos.
Soñé que al volver a la casa te hallaba aquí con tu padre, un anciano que sonreía y conversaba con el mío, ambos sentados en el sofá de la sala.
Luego soñé que tu padre me sonreía y empezaba a hacerme preguntas. A veces sueño cosas tristes.