Si controlaran la casa de los Duendes, sería fácil llevar explosivos y hacer volar toda la parte sur y oeste; pero esa casa es nuestra, y desde ella hasta las posiciones francesas frente a San Diego y Santa Rosa hay mucha distancia. No es probable que nos ataquen en ese lugar, y no me consta que exista ninguna comunicación entre la casa y San Diego o Santa Rosa que les permita avanzar sin que se note.”
Nos quedamos hablando sobre este asunto hasta la mañana. Al romper el día vino Agustín, muy contento, diciendo que había encontrado hospedaje para Mariquilla en el mismo sitio donde su familia estaba establecida.
Luego nos preparamos para un esfuerzo rudo en aquel día, porque los franceses, que ya poseían el hospital, o mejor dicho, sus ruinas, amenazaban con atacar el de San Francisco, no por los subterráneos, sino a cielo abierto y a la luz del sol.