y le había exhortado a protegerlos con ternura. Los había cuidado hasta que al fin se vio obligado a ir él mismo al bosque para recolectar el caucho. Una semana su cantidad había sido escasa. Cuando regresó del bosque, la aldea había sido atacada en su ausencia y encontró a sus dos hermanitos tendidos y destripados sobre un tronco. La compañía, sin embargo, pagaba el 200 por ciento.
Cuatro nativos habían sido torturados hasta que suplicaron a gritos que alguien les trajera un arma y los matara a tiros.
Los jefes murieron porque se les rompió el corazón.
El señor Gamman no conocía ninguna aldea donde les tomara menos de diez días de cada quince satisfacer las exigencias de la A.B.I.R. Por regla general, la gente tenía cuatro días al mes para sí misma. Por ley, el máximo de trabajo forzado era de cuarenta horas al mes. Pero, como he dicho, no hay relación alguna entre la ley y la práctica en el Congo.