¿Quién podría negar posiblemente, tras leer este pasaje, que el nativo del Congo ha sido reducido de la libertad a la esclavitud?
A continuación sigue una frase curiosa:
«Apresurémonos —dice el Informe— a decir que en la realidad de los hechos no se ha mostrado semejante rigor. Casi en todas partes se han abandonado a los nativos ciertos PRODUCTOS DEL DOMINIO, notablemente las almendras de palma, que son objeto de un importante comercio de exportación en el Bajo Congo».
Este comercio de almendras de palma es muy antiguo, y afecta únicamente a la desembocadura del río, la cual no podía ser alterada sin obvias complicaciones internacionales, y no guarda relación alguna con las grandes poblaciones del Alto Congo, cuyo trato inhumano era la cuestión en disputa.
El Informe pasa a señalar con toda claridad el hecho importantísimo que se deriva de la expropiación de las tierras al nativo.
«Aparte de los rudimentarios cultivos», dice, «que apenas bastan para alimentar a los propios nativos y abastecer las estaciones, todos los frutos de la tierra se consideran propiedad del Estado o de las sociedades concesionarias».
Siendo esto así, se acaba para siempre el libre comercio, o en realidad cualquier tipo de comercio, salvo la exportación por parte del propio Gobierno, o de un puñado de empresas que en realidad representan al Gobierno, de toda la riqueza del país hacia Europa en beneficio de un círculo de millonarios.