Codal
nydus/The Crime of the CongoPublic
Página 42 de 210
Table of Contents

II. El desarrollo del Estado del Congo

en cuarenta minutos, condenó al prisionero y lo sentenció a un año de prisión. Más tarde se intentó justificar esta monstruosa sentencia con la afirmación de que el delito castigado había sido el de vender armas a los nativos, pero lo cierto es que en ese momento no se hizo mención alguna a nada por el estilo, como lo demuestran las actas del juicio que aún se conservan.

Rabinck naturalmente recurrió contra una condena semejante. Habría sido más prudente por su parte haberse sometido a ella en el puesto de guardia más cercano. En tal caso, es posible que hubiera salvado la vida. En el otro, estaba condenado.

«Irá —dijo el comandante Weyns— en un viajecito tan agradable que no volverá a actuar así, y a otros les servirá de escarmiento».

El viaje en cuestión eran las dos mil millas que separaban Katanga del Tribunal de Apelación en Boma. Debía recorrer todo ese trayecto bajo la única escolta de soldados negros, que tenían sus propias instrucciones. El desdichado sintió que jamás llegaría vivo a su destino.

«Corren rumores —escribió a sus familiares— de que a los europeos que han sido capturados los envenenan, así que si desaparezco sin más noticias ya podréis adivinar qué ha sido de mí».

No se volvió a saber nada de él, salvo dos cartas angustiosas en las que suplicaba a los funcionarios que apresurasen su marcha. Murió, tal como había previsto, durante el viaje río abajo por el Congo, y fue enterrado apresuradamente en una estación de paso cuando faltaban apenas dos horas para haber llevado el cuerpo a Leopoldville.

42