No se habría podido idear un sistema mediante el cual un grupo de hombres fuera empujado con tanta fuerza a conseguir resultados a cualquier precio. No es un descrédito absoluto para los belgas que semejante existencia los haya desmoralizado; de hecho, había otras nacionalidades además de los belgas en las filas de los agentes. Dudo que ingleses, estadounidenses o alemanes hubieran podido escapar al mismo resultado de haber estado expuestos en un país tropical a tentaciones similares.
Y ahora, estando los dos mil agentes en su puesto, y deseosos de hacer cumplir la recaudación de caucho a unos nativos muy reacios, ¿cómo pretendía el sistema que se pusieran a ello? El método era tan eficaz como absolutamente diabólico. A cada agente se le dio el control sobre un cierto número de salvajes, procedentes de tribus indómitas, pero armados con armas de fuego. Uno o más de estos eran colocados en cada aldea para