renovado mandato otorgado al rey Leopoldo fortalecieron la posición del nuevo Estado hasta tal punto que no encontró ninguna dificultad para obtener de Bélgica un nuevo préstamo de veinticinco millones de francos, con la condición de que, transcurridos diez años, Bélgica tuviera la opción de anexionarse los territorios del Congo como colonia.
Si en los años que sucedieron inmediatamente a la Conferencia de Bruselas —de 1890 a 1894— pudiera contemplarse a vista de pájaro el enorme río que, con sus afluentes, forma un gran abanico retorcido que se extiende por todo el centro de África, se notarían en todas direcciones síntomas de la actividad europea.
- En el Bajo Congo se vería a multitudes de nativos, reclutados a la fuerza y vigilados por soldados negros, trabajando en el ferrocarril.
- En Boma y en Leopoldville, las dos terminales de la línea proyectada, están levantándose ciudades, con estaciones, muelles y edificios públicos.
- En el extremo sureste se vería una expedición bajo el mando de Stairs explorando y anexionándose el gran distrito de Katanga, que colinda con Rodesia del Norte.
- En el noreste más lejano y a lo largo de toda la frontera oriental, se revelarían pequeñas expediciones militares combatiendo contra negros rebeldes o traficantes árabes.
- Luego, a lo largo de todas las rutas fluviales, se estaban formando puestos y estableciendo estaciones —algunos por el Estado y otros por las diversas compañías concesionarias para el desarrollo de su comercio.
Entre tanto, el Estado iba estrechando su control sobre la tierra con sus productos, y estaba perfeccionando el sistema que estaba destinado a producir resultados tan siniestros en el futuro cercano. Los comerciantes independientes fueron desalentados y aplastados, tanto los belgas como los holandeses, ingleses y franceses. Algunas de las protestas más enérgicas contra el nuevo orden pueden encontrarse en fuentes belgas.