trabajando». Le es totalmente imposible bajar por el río, pues todos los vapores están bajo el control del Gobierno. ¿Qué puede hacer entonces? Hay algo que hace muy a menudo, y es volarse la tapa de los sesos. Las estadísticas de suicidio son más altas que en cualquier otro servicio del
Pero supongamos que él adopta esta postura: «Muy bien, me quedaré si me obligas a ello, pero expondré estas fechorías ante Europa». ¿Y entonces?
El procedimiento es sencillo. Se le presenta un cargo oficial de maltrato a los indígenas. Siempre hay algún tipo de maltrato en curso, y no hay dificultad, con la ayuda de los centinelas, en demostrar que algo de lo que el agente es responsable no coincide con la ley escrita, por mucho que fuera la costumbre reconocida. Es llevado a Boma, juzgado y condenado.
De este modo ocurre que la prisión de Boma puede albergar al mismo tiempo a los mejores hombres y a los peores: tanto a aquellos cuyas ideas eran demasiado humanas para las autoridades como a aquellos cuyos crímenes no podían ser pasados por alto ni siquiera por una administración congoleña.
Advertidos quedáis, vosotros que buscáis servir en este país oscuro, pues el suicidio, la prisión de Boma o actos tales que envenenarán vuestro recuerdo para siempre son la única opción que se abrirá ante vosotros.
He aquí el tipo de circular oficial que desciende por millares sobre el agente. Esta en particular procedía del comisario del distrito de Wille:
“Te doy carte blanche para conseguir 4000 kilos de caucho al mes.
Tienes dos meses para poner a trabajar a tu gente. Emplea la amabilidad al principio y, si persisten en resistirse a las demandas del Estado, emplea la fuerza de las armas”.
Y este Estado fue formado para la «ventaja moral y material del nativo».