al niño con su madre y dijimos que informaríamos del asunto al jefe del puesto. Así lo hicimos, pero los hombres no fueron castigados. Al principal culpable se le dijo en mi presencia que recibiría cincuenta latigazos, pero oí a esa misma boca enviar un recado diciendo que no sería azotado”.
Comparaos con esto los siguientes extractos del Bulletin Officiel del rey Leopoldo, referentes a esta misma extensión de terreno:
“La explotación de las enredaderas de caucho de este distrito fue emprendida hace apenas tres años por M. Fievez. Los resultados que obtuvo no han tenido igual. El distrito produjo en 1895 más de 650 toneladas de caucho, comprado (sic) por 2½d. (precio europeo), y vendido en Amberes a 5s. 5d. por kilo (2 libras).”
Un boletín posterior añade:
“Con este desarrollo del orden general se combina una inevitable mejora en las condiciones de existencia del nativo allí donde entra en contacto con el elemento europeo….
“Tal es, de hecho, uno de los fines de la política general del Estado: promover la regeneración de la raza infundiéndole una idea más elevada de la necesidad del trabajo.”
A decir verdad, no conozco nada en la historia que se pueda comparar con documentos como estos: los piratas y los bandidos jamás han descendido a ese último abismo odioso de la hipocresía.
Se alza solo, colosal en su horror, colosal también en su descaro.
Algunas anécdotas más del digno señor Clark. Este es un extracto de una carta dirigida al jefe de distrito, Mueller: