EL CONGO DESPUÉS DE LA COMISIÓN
Las grandes esperanzas que la llegada de la Comisión había suscitado entre los nativos y los pocos europeos que habían actuado como sus defensores, pronto se convirtieron en una amarga decepción. El indefatigable señor Harris había enviado tras la Comisión una serie de nuevos casos que habían llegado a su conocimiento. En uno de ellos, un jefe declaró que había sido retenido en su pueblo (Boendo) para impedirle llegar hasta la Comisión. Logró escapar de sus guardias, pero fue castigado por su osadía cuando un centinela apaleó a su esposa hasta matarla. Traía consigo, con la esperanza de poder presentarlas ante los jueces, ciento ochenta y dos varas largas y setenta y seis más pequeñas, para representar a otros tantos adultos y niños que habían sido asesinados por la Compañía A.B.I.R. en su distrito durante los últimos años. Su relato de los métodos mediante los cuales estas desafortunadas personas encontraron la muerte no es apto para la imprenta. Los sueños más delirantes de la Inquisición se quedaron cortos. A las mujeres las habían matado introduciéndoles estacas por el cuerpo desde abajo. Cuando el horrorizado misionero le preguntó al jefe si esto le constaba personalmente, su respuesta fue: «Mataron a mi hija, Nsinga, de esta manera; encontré la estaca dentro de ella».