envió un mensaje diciéndole al jefe del pueblo que los entregara. Este respondió que no podía, ya que los fugitivos no habían estado en su pueblo. El oficial envió al mensajero por segunda vez con la orden: > «Ven a mí de inmediato o habrá guerra por la mañana». A la mañana siguiente, el viejo jefe fue al encuentro de los belgas y fue atacado sin provocación. Él mismo resultó herido, su esposa fue asesinada ante sus ojos y le cortaron la cabeza para poder quedarse con el collar de latón que llevaba puesto. Veinticuatro de los pobladores del jefe también fueron asesinados, y todo por la ruin razón mencionada
Nuevamente la gente del lago Mantumba huyó a causa de la crueldad del Estado, y este último envió a unos soldados al mando de un cabo de color para parlamentar con ellos e inducirles a regresar. En el camino las tropas se cruzaron con una canoa que llevaba a siete de los fugitivos. Con cualquier pretexto insignificante hicieron desembarcar a la gente, los fusilaron, les cortaron las manos y se las llevaron al comisario. La gente de los Mantumba se quejó al misionero en Irebu, y este fue a ver si la