que cada funcionario del Estado del Congo está juramentado para no revelar, ni en el momento ni después, ningún asunto que haya llegado a su conocimiento. Considerad, por último, que el misionero o el cónsul actúa como un elemento disuasorio, y que es en la inmensa extensión de país donde no se encuentra ninguno de los dos donde el agente actúa a su libre albedrío. Con todas estas consideraciones, ¿no es evidente que todos los terribles hechos que conocemos no son más que el mero margen de ese cúmulo de violencia e injusticia que el jesuita, padre Vermeersch, ha resumido en las dos palabras: «¡Miseria inmensa!»?
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II. El desarrollo del Estado del Congo
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