Esa última frase parece la clave del arco. Si los agentes en el lugar no intentaron negar los ultrajes ante la Comisión, ¿quién se atreverá a hacerlo en su nombre?
El resto del Informe, aunque repleto de tópicos cortesanos y de vagas recomendaciones de reforma que resultan absolutamente impracticables mientras no se atajen las causas profundas de todos los problemas, contiene unos pocos pasajes positivos que vale la pena conservar. Hablando de la falta de instrucciones precisas para las expediciones militares, dice:
“Las consecuencias son a menudo muy homicidas. Y no hay que asombrarse. Si en el curso de ESTAS DELICADAS OPERACIONES, CUYO OBJETO ES CAPTURAR REHENES E INTIMIDAR A LOS INDÍGENAS, no se puede ejercer una vigilancia constante sobre los instintos sanguinarios de los soldados cuando las órdenes de castigar son dadas por la autoridad superior, es difícil que la expedición no degenere en masacres, acompañadas de pillaje e incendio”.
Nuevamente:
“La responsabilidad de estos abusos no debe, sin embargo, recaer siempre sobre los comandantes de las expediciones militares. Al considerar estos hechos hay que tener en cuenta la deplorable confusión que aún existe en el Alto Congo entre un estado de guerra y un estado de paz; entre la administración y la represión; entre aquellos que pueden ser considerados como enemigos y aquellos que tienen derecho a ser