y por la mejora de sus condiciones morales y materiales de existencia, y a colaborar en la abolición de la esclavitud y de la trata de esclavos». Ese fue el compromiso de las naciones unidas de
Es una vergüenza para cada uno de ellos, incluyéndonos a nosotros mismos, la manera en que han cumplido ese juramento.
Ante sus ojos, como mostraré más adelante, se ha representado una larga y horrible tragedia, abalada por sacerdotes y misioneros, comerciantes, viajeros y cónsules, todo ello corroborado, pero de ningún modo enmendado, por una comisión de encuesta belga.
Han visto a estas infelices gentes, que estaban bajo su tutela, despojadas de todo cuanto poseían, corrompidas, degradadas, mutiladas, torturadas, asesinadas, todo ello a una escala como jamás, que yo sepa, había ocurrido antes en toda la historia, y ahora, después de todos estos años, con todos los hechos siendo de dominio público, seguimos todavía en la etapa de las corteses apostrofaciones diplomáticas.