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nydus/The Crime of the CongoPublic
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IX. El Congo después de la Comisión

¿No es evidente que, salvo los tres primeros, estos eran los mismos hombres que estaban siendo juzgados? Todo el nombramiento es un ejemplo de ese humor cínico que le da un toque grotesco a esta historia incomprensible.

Huelga añadir que de semejante asamblea jamás surgió resultado alguno favorable a la reforma. No cabe sino alegrarse de que la presencia de la pequeña minoría humana haya impedido a los otros idear nuevos métodos de opresión.

No puede decirse, sin embargo, que las actuaciones judiciales y las condenas estuvieran ausentes de las secuelas de la Comisión del Congo. Pero quién podría adivinar jamás quién fue el hombre que arrastraron ante el tribunal. Basándose en los testimonios de nativos y misioneros, había quedado demostrado que toda la jerarquía blanca, desde el gobernador general hasta el caníbal subvencionado, era culpable de sangre. ¿A cuál de ellos castigaron? A ninguno, salvo al señor Stannard, uno de los testigos acusadores. Él había demostrado que los soldados de cierto señor Hagstrom se habían portado de forma brutal con los nativos. Este fue el relato de Lontulu, el jefe:

«Lontulu, el jefe principal de Bolima, vino con veinte testigos, que era todo lo que cabía en la canoa. Traía consigo ciento diez ramitas, cada una de las cuales representaba una vida sacrificada por el caucho.

Las ramitas eran de diferentes longitudes y representaban a jefes, hombres, mujeres y niños, según su tamaño. Era una horrible historia de masacre, mutilación y canibalismo la que tenía que contar, y quedaba perfectamente claro que estaba diciendo la verdad. Se vio además respaldado por otros testigos presenciales».

Estos crímenes fueron cometidos por aquellos que actuaban bajo las instrucciones y con el conocimiento de hombres blancos.

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