Ahora bien, como las democracias que se han establecido últimamente son muy numerosas, y es difícil conseguir que la gente común asista a las asambleas públicas a menos que se le pague por ello, esto, cuando no hay ingresos públicos suficientes, resulta fatal para los notables; pues las deficiencias al respecto deben ser cubiertas necesariamente por impuestos, confiscaciones y multas impuestas por tribunales de justicia corruptos; cosas estas que ya han destruido muchas democracias. Siempre que, por tanto, los ingresos del Estado sean escasos, debe haber pocas asambleas públicas y pocos tribunales de justicia; estos, sin embargo, deben tener jurisdicciones muy amplias, pero sesiones de pocos días solamente, pues por este medio los ricos no temerán el gasto, aunque no reciban nada por su asistencia, a pesar de que los pobres sí lo hagan; y el juicio también se emitirá mucho mejor; pues los ricos no querrán estar ausentes por mucho tiempo de sus propios asuntos, pero lo harán de buena gana por un breve espacio de tiempo; y, cuando hay ingresos suficientes, debe seguirse una conducta distinta de la que los demagogos siguen en la actualidad; pues ahora reparten el excedente del dinero público entre los pobres; estos lo reciben y vuelven a necesitar el mismo suministro, mientras que darlo es como verter agua en un cedazo; pero el verdadero patriota en una democracia debe procurar que la mayoría de la comunidad no sea demasiado pobre, pues esta es la causa de la rapacidad en ese gobierno; debe esforzarse, por tanto, en que gocen de una abundancia perpetua; y como esto también es ventajoso para los ricos, lo que se pueda ahorrar del dinero público debe reservarse y luego repartirse de una sola vez entre los pobres, si es posible, en cantidad tal que permita a cada uno de ellos comprar un pequeño campo, y si eso no se puede hacer, al menos dar a cada uno lo suficiente para adquirir los aperos [1320b] de comercio y agricultura; y si no hay suficiente para que todos reciban tanto de una sola vez, entonces dividirlo por tribus o según cualquier otro sorteo. Entre tanto, que los ricos les paguen por los servicios necesarios, pero sin la obligación de proporcionarles diversiones inútiles.
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CAPÍTULO V
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