Como en los cuerpos naturales no se admite que sean partes de ellos aquellas cosas sin las cuales el todo no existiría, así también es evidente que en un Estado político no todo lo que le es necesario debe ser considerado como parte de él, ni tampoco cualquier otra comunidad de la cual se forme un todo; pues una cosa debe ser común y la misma para la comunidad, ya participen de ella en igual o desigual medida, como, por ejemplo, el alimento, la tierra o cosas semejantes; mas cuando una cosa es para el beneficio de una persona y otra para el beneficio de otra, en esto no hay nada parecido a una comunidad, salvo que uno la fabrica y el otro la usa; como, por ejemplo, entre cualquier instrumento empleado para hacer una obra y los obreros, ya que no hay nada en común entre la casa y el constructor, sino que el arte del constructor se emplea en la casa. Así, la propiedad es necesaria para los Estados, mas la propiedad no es parte del Estado, aunque muchas especies de ella tengan vida; pero una ciudad es una comunidad de iguales con el fin de disfrutar de la mejor vida posible: y la vida más feliz es la mejor, la cual consiste en el ejercicio perfecto de las energías virtuosas; por consiguiente, así como algunas personas tienen grandes, otras pocas o ninguna oportunidad de emplearse en estas, es evidente que esta es la causa de la diferencia que hay entre las distintas ciudades y comunidades que pueden hallarse; pues mientras cada una de estas se esfuerza por adquirir lo mejor por medios diversos y diferentes, dan [1328b] lugar a diferentes modos de vida y diferentes formas de gobierno. Hemos de considerar ahora cuáles son aquellas cosas sin las cuales una ciudad no puede existir; pues lo que llamamos partes de la ciudad debe necesariamente residir en ella: y esto lo comprenderemos claramente si conocemos el número de cosas necesarias para una ciudad:
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CAPÍTULO VIII
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