parece necesaria también para esta parte. La misma analogía se aplica a las acciones, de las cuales aquellas que son de una naturaleza superior siempre deben ser elegidas por quienes tienen la facultad de hacerlo, pues lo que procura los mejores fines es siempre lo más deseable para todos. Ahora bien, la vida se divide en labor y descanso, guerra y paz; y los objetos de nuestras acciones son en parte necesarios y útiles, y en parte nobles. Debemos dar a estos la misma preferencia que le damos a las diferentes partes del alma y a sus acciones: la guerra en orden a la paz, la labor en orden al descanso, y lo útil en orden a lo noble. El político, por tanto, que elabora un cuerpo de leyes debe extender su visión a todo: a las partes del alma y a sus acciones, más particularmente a aquellas cosas que son de naturaleza y fines superiores, y de la misma manera a la vida de los hombres y a sus diferentes acciones.
Deben estar preparados tanto para el trabajo como para la guerra, pero más aún [1333b] para el descanso y la paz; y también para hacer lo necesario y útil, pero más bien lo justo y noble. A esos objetivos debe tender la educación de los niños y de todos los jóvenes que necesitan instrucción. Todos los Estados griegos que ahora parecen mejor gobernados, y los legisladores que los fundaron, al parecer no estructuraron su sistema político con la vista puesta en el fin supremo, ni en toda virtud, en sus leyes y educación; sino que atendieron con afán a lo que es útil y produce ganancias. Y de la misma opinión son, poco más o menos, algunas personas que han escrito últimamente, quienes, al alabar al Estado lacedemonio, demuestran que aprueban la intención del legislador de hacer de la guerra y la victoria el fin de su gobierno. Mas cuán contrario a la razón es esto se demuestra fácilmente mediante argumentos, y ya ha sido demostrado por los hechos (pues, así como la