nadie puede obrar bien si no actúa rectamente, ni las obras de un hombre o de una ciudad pueden ser loable sin virtud y sabiduría; pues todo lo que es justo, sabio o prudente en un hombre, esas mismas cosas son justas, sabias y prudentes en una ciudad.
Bástenos esto a manera de introducción; pues no podía dejar de tocar ligeramente este asunto, aunque me era imposible realizar una investigación completa del mismo, ya que pertenece propiamente a otra cuestión: supongamos por ahora tan solo esto, que la vida más feliz del hombre, tanto como individuo como en calidad de ciudadano, es una vida de virtud, acompañada de aquellos goces que la virtud suele procurar.
Si [1324a] hay algunos que no estén convencidos por lo que he dicho, sus dudas serán respondidas más adelante; por ahora procederemos según el método que nos habíamos propuesto.
Ancla H2