interés era tan terriblemente profundo. La compañía me resultaba pesada; cuando estaba solo, podía llenar mi mente con las visiones del cielo y de la tierra; la voz de Henry me calmaba, y así podía engañarme a mí mismo alcanzando una paz transitoria. Pero los rostros ocupados, desinteresados y alegres devolvían la desesperación a mi corazón. Veía una barrera insuperable interpuesta entre mis semejantes y yo; esta barrera estaba sellada con la sangre de William y Justine; y reflexionar sobre los acontecimientos relacionados con esos nombres llenaba mi alma de angustia.
Pero en Clerval veía la imagen de mi antiguo yo; era curioso y ansiaba adquirir experiencia e instrucción. La diferencia de costumbres que observaba era para él una fuente inagotable de enseñanza y diversión. También