lagos y el rumor impetuoso de los arroyos rocosos eran visiones familiares y queridas para mí. Aquí hicimos también algunas amistades, que casi se las arreglaron para engañarme y hacerme feliz. El deleite de Clerval fue proporcionalmente mayor que el mío; su espíritu se expandía en compañía de hombres de talento, y halló en su propia naturaleza mayores capacidades y recursos de los que jamás hubiera imaginado poseer mientras se relacionaba con sus inferiores. > «Podría pasar mi vida aquí —me dijo—; y entre estas montañas apenas echaría de menos Suiza y el
Pero descubrió que la vida de un viajero es de aquellas que incluyen mucho dolor en medio de sus goces. Sus sentimientos están siempre en tensión; y cuando empieza a sumirse en el reposo, se ve obligado a abandonar aquello en lo que descansa con placer por algo nuevo, que de nuevo atrae su atención, y que también abandona por otras novedades.