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nydus/FrankensteinPublic
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Capítulo IV

la mecánica, me sentía animado a esperar que mis intentos actuales al menos sentarían las bases de un éxito futuro. Tampoco podía considerar la magnitud y complejidad de mi plan como un argumento de su inviabilidad.

Con estos sentimientos comencé la creación de un ser humano. Como la minuciosidad de las partes dificultaba enormemente mi rapidez, resolví, contrariamente a mi primera intención, hacer que el ser fuera de estatura gigantesca; es decir, de unos ocho pies de altura, y proporcionalmente grande. Después de haber tomado esta determinación, y de haber pasado unos meses recolectando y disponiendo con éxito mis materiales, comencé.

Nadie puede concebir la variedad de sentimientos que me arrastraban, como un huracán, en el primer entusiasmo del éxito.

La vida y la muerte se me antoja­ban límites ideales, que yo sería el primero en traspasar para derramar un torrente de luz en nuestro oscuro mundo.

Una nueva especie me bendeciría como a su creador y origen; muchas naturalezas felices y excelentes deberían su existencia a mí.

Ningún padre podría reclamar la gratitud de su hijo tan plenamente como yo merecería la de ellos.

Siguiendo con estas reflexiones, pensé que, si podía infundir animación a la materia inanimada, podría con el tiempo (aunque ahora me resultara imposible) renovar la vida allí donde la muerte Aparentemente había entregado el cuerpo a la corrupción.

Estos pensamientos sostenían mi ánimo, mientras proseguía mi empresa con incesante ardor.

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