período, cuando tantas desgracias pesan sobre ti; pero una conversación que mantuve con mi tío antes de su partida hace necesaria cierta explicación antes de que nos reunamos. > > «¡Explicación!, tal vez digas; ¿qué puede tener que explicar Elizabeth? Si de verdad dices esto, mis preguntas quedan respondidas y todas mis dudas disipadas. Pero estás lejos de mí, y es posible que temas esta explicación y al mismo tiempo te complazca; y ante la probabilidad de que este sea el caso, ya no me atrevo a posponer por más tiempo escribir lo que, durante tu ausencia, a menudo he deseado expresarte, pero nunca he tenido el valor de empezar. > > «Bien sabes, Victor, que nuestra unión había sido el plan favorito de tus padres desde nuestra infancia. Nos lo dijeron de pequeños, y nos enseñaron a esperarlo como un acontecimiento que sin duda tendría lugar. Fuimos compañeros de juegos afectuosos durante la niñez y, creo, amigos caros y estimados el uno para el otro al hacernos mayores. Pero, así como un hermano y una hermana suelen sentir un vivo afecto el uno por el otro, sin desear una unión más íntima, ¿no podría ser ese también nuestro caso? Dime, queridísimo Victor. Respóndeme, te lo conjuro por nuestra mutua felicidad, con sencillez y verdad: ¿No amas a otra persona? > > «Has viajado; has pasado varios años de tu vida en Ingolstadt; y te confieso, amigo mío, que cuando te vi el pasado otoño tan infeliz, huyendo a la soledad, de la compañía de cualquier criatura, no pude evitar suponer que quizás lamentaras nuestro compromiso, y te creyeras obligado por honor a cumplir los deseos de tus
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Capítulo XXII
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